El 14 de junio de 2025, durante un estudio bíblico celebrado en Queens, la ciudad de Nueva York rindió un homenaje institucional sin precedentes a la líder espiritual María Luisa Piraquive, fundadora de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional (IDMJI). El evento no solo tuvo carácter simbólico: marcó un punto de inflexión en el reconocimiento del papel que desempeñan las iglesias en la construcción del tejido social y la formación de ciudadanos íntegros.
La Hermana María Luisa recibió tres distinciones oficiales: un certificado firmado por el alcalde Eric Adams, una proclamación del Senado de los Estados Unidos emitida por el senador Charles Schumer, y un reconocimiento de la Asamblea Estatal de Nueva York a través del asambleísta Steven Raga. Las tres instituciones coincidieron en destacar su trayectoria en educación, derechos humanos, fortalecimiento familiar y liderazgo comunitario.
Más que un reconocimiento: un respaldo institucional a la libertad religiosa
En el acto, el alcalde Eric Adams fue más allá del protocolo. Compartió su historia personal como niño disléxico rechazado por el sistema, y señaló con emoción:
“Dios está obrando por medio de nuestra hermana María Luisa. En esta congregación hay un niño roto llamado Eric, y usted lo está levantando. Gracias a mujeres como usted, hoy muchos alcanzamos nuestro potencial. Dios está en control.”
Sus palabras reflejaron no solo una vivencia personal, sino también una postura política: reconocer el derecho de los ciudadanos a profesar libremente su fe y a ser edificados espiritualmente por quienes dedican su vida a enseñar valores.
En un contexto global donde la neutralidad del Estado a veces se confunde con exclusión religiosa, este evento recordó que la libertad religiosa no es una concesión simbólica, sino un pilar democrático. Y que cuando las iglesias trabajan con transparencia, responsabilidad y vocación social, su presencia en la esfera pública no solo es legítima, sino valiosa.
Las iglesias como agentes sociales, formativos y psicológicos
Durante décadas, los centros religiosos han sido espacios de contención emocional, educación ética, acompañamiento psicológico y formación en valores. La IDMJI, bajo el liderazgo de la Hermana María Luisa, ha consolidado este rol a través de una estructura internacional con 1,216 sedes activas en más de 60 países.
En sus congregaciones no solo se predica: se enseñan principios como la honestidad, la empatía, el respeto por la autoridad, la responsabilidad familiar y la autodisciplina emocional. Las iglesias —en particular aquellas con enfoque formativo— han sabido llenar vacíos donde las instituciones estatales o escolares no alcanzan: prevención del suicidio, resolución de conflictos, restauración de la autoestima, acompañamiento a jóvenes y fortalecimiento de vínculos familiares.
En tiempos donde se debate la salud mental como prioridad nacional, ignorar el impacto positivo de las comunidades de fe sería un error político y social. Lo espiritual, lejos de ser opuesto a lo científico, ha demostrado ser un soporte complementario, especialmente para poblaciones vulnerables.
La base de la sociedad sigue siendo la familia… y las iglesias lo saben
Toda política pública que ignore el papel de la familia está condenada a quedarse en la superficie. Y toda sociedad que desatiende la formación de valores está condenada a producir ciudadanos funcionales, pero vacíos.
Las iglesias, en su rol no partidista pero profundamente político en el sentido humano y estructural, han defendido por décadas el valor de los lazos familiares. Desde el púlpito, el salón de clases o una conversación pastoral, se enseña a perdonar, a comunicarse, a asumir responsabilidades, a criar con propósito y a cuidar a los adultos mayores. Esa es política social real, aunque no venga con un presupuesto estatal ni con slogans de campaña.
El caso de la Hermana María Luisa Piraquive y de la IDMJI es muestra clara de una estructura religiosa que ha asumido, con seriedad, ese rol social: formar personas fuertes, familias unidas y comunidades estables. Eso, sin lugar a dudas, es una contribución política en el sentido más amplio y necesario del término.
Un homenaje que abre un debate necesario.
Crédito de imágenes: Fotografías tomadas de publicaciones oficiales de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional. Uso con fines informativos.