Stamford, Connecticut, se vistió de amarillo, azul y rojo el pasado domingo 26 de julio para celebrar la tercera edición del Carnaval Colombiano, un evento que se ha convertido en una de las fiestas latinas más esperadas del verano en el estado. La producción, a cargo de EN EL LENTE TV MAGAZINE, logró reunir a cientos de familias colombianas, latinas y estadounidenses en la plaza de restaurantes del Stamford Town Center, en una jornada completamente familiar que se extendió de 12 del mediodía a 8 de la noche.
El evento contó con entrada gratis y parqueo gratuito, gracias al apoyo de sus patrocinadores y del Stamford Town Center, lo que permitió que la comunidad participara masivamente sin barreras económicas. Esta accesibilidad es parte del espíritu del carnaval: una fiesta del pueblo y para el pueblo.

¿Por qué se celebra y cuál es su día real?
Aunque en Stamford se celebró el 26 de julio por razones de logística y clima de verano, el Carnaval Colombiano real tiene su fecha oficial en Colombia en los cuatro días previos al Miércoles de Ceniza, generalmente entre febrero y marzo. Su celebración más famosa es el Carnaval de Barranquilla, declarado por la UNESCO como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

Históricamente, el carnaval nace de la fusión de tres culturas: la europea traída por los españoles, la africana traída por los esclavos y la indígena propia del Caribe colombiano. Es una celebración de la libertad, la alegría y la resistencia; el momento en que Colombia se permite reír de sí misma, criticar a la política y celebrar la vida antes de la Cuaresma. Por eso, cuando los colombianos migran, se llevan el carnaval con ellos. No es solo una fiesta, es una forma de decir «aquí estamos y no olvidamos quiénes somos».

Trasladarlo a julio en Estados Unidos tiene un sentido práctico y comunitario: el invierno impide hacer un evento al aire libre en febrero, y el verano permite que más familias se reúnan. Se convierte así en un «carnaval de verano», una tradición que ya han adoptado varias ciudades de la diáspora colombiana en el mundo.
Música y danza: el alma del festival
Uno de los momentos más aplaudidos de la tarde estuvo a cargo del Ballet Folklórico de las Américas. El grupo de baile, integrado por bailarinas de diferentes niveles y edades, presentó coreografías que hicieron un recorrido por Colombia.
Iniciaron con el tradicional baile de La Pollera Colorá, uno de los cumbiones más emblemáticos de Colombia. Con sus faldas amplias de colores vivos, movimientos de cadera y sonrisas, las bailarinas representaron la picardía y el coqueteo del Caribe colombiano. La Pollera Colorá, compuesta originalmente por Wilson Choperena, es casi un segundo himno nacional y no puede faltar en ningún carnaval.

Luego el escenario se transformó para presentar los bailes llaneros, originarios de los Llanos Orientales, la región que Colombia comparte con Venezuela. Con zapateo fuerte, arpa y joropo, los bailarines mostraron la fuerza del trabajo del campo, el amor por los caballos y la vida recia del llano. Fue un contraste hermoso entre la suavidad de la costa y la potencia del llano.
La música no se detuvo. La tarde estuvo marcada por el vallenato, el género nacido en Valledupar que con acordeón, caja y guacharaca cuenta historias de amor, de pueblo y de parranda. El vallenato es el sonido que más extrañan los colombianos en el exterior, y escucharlo en Stamford fue, para muchos, como regresar por unas horas a su tierra.

El cierre musical estuvo a cargo del artista invitado Anthony López, hijo del legendario Pastor López. Conocido por continuar el legado de su padre, el «Indio Pastor», Anthony López prendió la plaza con sus cumbias. Cantar éxitos como «El Hijo de Pastor» y los clásicos de su padre generó una conexión emocional muy fuerte, especialmente entre las generaciones mayores que crecieron escuchando a Pastor López en cada fiesta de diciembre y carnaval. Ver a su hijo en tarima es ver la continuidad de una dinastía musical que es parte de la identidad colombiana.
El impacto en la comunidad
Este tipo de eventos deja una huella profunda en la comunidad de Stamford.
En lo cultural, para los niños de segunda generación nacidos en Estados Unidos, el carnaval es su única oportunidad de ver una pollera, escuchar un vallenato en vivo y entender por qué sus padres se emocionan tanto. Es una clase de identidad sin necesidad de un pasaporte.

En lo social y económico, el evento reunió a emprendedores, restaurantes y patrocinadores locales. La plaza de restaurantes del Stamford Town Center se benefició, y se generó un ambiente de apoyo mutuo. Al ser un evento completamente familiar y gratuito, además promovió la convivencia sana, la seguridad y la integración entre la comunidad latina y la comunidad estadounidense.
Y en lo emocional, para muchos inmigrantes julio puede ser un mes de nostalgia. El carnaval les recuerda que no están solos, que hay una comunidad que los respalda y que sus tradiciones tienen un lugar importante en esta ciudad.

La 3ra edición del Carnaval Colombiano demostró que Stamford ya no solo acoge a la comunidad colombiana, sino que la celebra. Y mientras haya una pollera que girar y un acordeón que suene, el carnaval seguirá vivo, aunque esté a miles de kilómetros de Barranquilla.
Redacción del artículo:
Valentina Martínez
Yury Tapuy
