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Análisis y poesía

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Por | Delci Jackeline Carvajal Peña
Directora y CEO En el lente TV

SOBRE LOS CONTEXTOS DEL LECTOR, EL LECTOR COMPROMETIDO

La ideología juega un papel importante, y a su vez un papel determinante a la hora de ver las aristas del lector, seamos claros, en el caso de Latinoamérica, por poner un ejemplo patente, hay generaciones que han preferido a Cortázar sobre Borges (Si hablamos de escritores mayores) por el hecho de que la militancia los ha orillado a especular que su pensamiento es impuro, el de Borges, por supuestamente haber apoyado a la dictadura militar o porque era un escritor de derechas. Al Contrario, el primero siempre ha tenido adeptos y han repetido hasta el cansancio el poema que se esconde en Rayuela y que es un parteaguas en la obra del argentino:

 

“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar…”

Vemos en esa prosa finísima y bien elaborada un poema infinito que se puede leer de norte a sur, y en toda la geografía sin que atisbemos en este un tinte más allá del amor idealizado, pero muchos lectores le dan la espalda porque el pensamiento superior no está cazado con las preferencias, rojo, azul, colorado o negro, esos colores que la arena política imprime a cada tendencia, absurdamente.

La realidad es otra, y es que según Wilde, “ El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expresa” y esa sinceridad se planta en su militancia, y por esa razón no podemos como lectores, juzgar a la ligera, se trata de una comunión con la fantasía y la realidad; Cortázar sedujo a gran cantidad de Jóvenes, mientras estaba realizando su exilio dorado en Paris, O Vargas Llosa quien en un principio se desgastaba en elogios hacía la revolución cubana terminó postulándose como candidato presidencial y comprometido con las élites “opresoras”.

Recientemente escuché alguien decir que no volvería a leer más Neruda porque su militancia era vomitiva, pero cómo podríamos borrar eso si en su época todos estaban comprometidos?, era el fragor de la revolución de octubre y más adelante los fascismos amenazaban con convertir al mundo en campos de concentración, Neruda fue además un político que supo defender lo que profesaba, con una carrera respetable tanto como senador y diplomático, quizá no hubiese escrito “Canto general” o tal vez no había necesidad de leerlo porque no era nuestro correligionario, pero no solo esos claro- oscuros inundan el contexto de muchos escritores.

Al mismo Neruda le han aparecido otros contrapesos que no van enfilados a su activismo, también los que han descubierto ese lado “oscuro” dicen que es terrible y que por eso lo entierran en el cementerio del olvido, esto surge cuando aparecen secretos que resultan poco digeribles, cuando el lector se entera que el poeta tenía una hija con hidrocefalia a la que sometió al ostracismo, esto es un poco delicado, porque estamos navegando en esta delgada línea de las preferencias, y nos estamos dejando llevar por otro tipo de pasiones, pero con todo esto, quién no se enamoró con “Cien Sonetos de Amor”, o con “20 poemas de amor y una canción desesperada”? Aunque a algunos les parezca un lance de dados por la misma militancia, esto nos pone entre la espada y la pared, y ahí es donde debe aparecer la integridad como lector, y esta integridad no es otra que leer sin ver al autor como un personaje que determine la obra, y estar comprometido solo con esa capacidad de asombro que nos lleva a proclamar la felicidad y la utilidad del texto que es otro tema.

Hay más ejemplos, por nombrar alguno, Vargas llosa escribió su tesis de doctorado sobre García Márquez “Historia de un deicidio” y no fue un mero acto de adulación, fue a su vez un reconocimiento que por cierto fue desechado de los rankings y de las tertulias y de la memoria, todo por las diferencias que tuvieron estos dos escritores y porque sus ideas resultaron diametralmente opuestas, pero es curioso, no se deja de lado a Vargas Llosa y la fascinación por García Marqués crece con el tiempo, pero en muchos ámbitos, el lector tiene sus preferencias y cuando esto llega a algunos foros y debates, terminan por contaminar la obra que debe estar alejada de las ideas y encaminada a la imaginación.

En todo caso el lector también debe dejar los prejuicios para no castigar al escritor, un lector prejuiciado puede condenar una obra que quizá sea una obra maestra, y un lector comprometido también podrá ser cómplice de totalitarismos sin darse cuenta, en cambio el escritor si es consciente de vender el alma al diablo y poner en su lugar panfletos que adulen el poder, ahí si puede existir una condena unánime, pero en estos tiempos es mejor buscar la belleza de las cosas y con maestría hacernos buenos lectores.

PERIODISTA VENEZOLANO   OLEGARIO CARVAJAL

@dasper_68


 

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